¿Qué es ser grande?

El camino hacia la adultez no es lineal.

Un paciente hizo una pregunta que parece inofensiva: “¿Qué es ser grande?”.

El camino hacia la adultez no es lineal. Muchos niños se ven obligados a asumir posiciones adultas de manera precoz, porque salen a trabajar, cuidan a sus hermanos o sostienen emocionalmente a sus padres. Este desfasaje deja marcas que repercuten en la forma de responder y vincularse.

En otros casos, hay entornos que intentan evitarle al niño toda frustración. Una paciente una vez dijo: “Me criaron entre algodones y ahora no sé caerme”. Intentar ahorrarle dolor a un niño es quitarle la posibilidad de descubrir que puede sobrevivir a la falta o al error.

Sin ese margen para fallar y para separarse del deseo de los padres, un sujeto puede quedar fijado a una demanda infantil de cuidado, viendo de reojo a la adultez. Por eso hay adultos que viven la dependencia afectiva como un peligro mortal o necesitan ser validados de manera constante para sentirse a salvo.

En esa línea, quienes consultan por una detención en su carrera académica o laboral, o en el desarrollo de sus vínculos, muchas veces perciben el crecer como una traición o un peligro, que se expresa mediante la dubitación, el miedo a equivocarse y a asumir responsabilidades.

En este contexto, hay sujetos que crecen ajustándose a las demandas del mundo a costa de una desconexión con el propio deseo. Quienes adaptan excesivamente su comportamiento e identidad para evitar conflictos o rechazo, suelen tener dificultades para jugar, para poner algo de sí en juego y equivocarse sin estar completamente capturados por la exigencia de responder.

En una época que privilegia el rendimiento constante, es esperable que prolifere un automatismo alienante por sobre la conquista de la propia autenticidad.

Tanto en la adultización precoz como en la sobreprotección, lo que no pudo ser allí simbolizado queda en suspenso y retorna más tarde. El fenómeno regresivo no aparece como un simple retroceso, sino como un intento de reabrir aquello que quedó detenido.

Lo infantil se reorganiza.

No desaparece.

Ser grande quizás sea una posición que exige tropezar, descubrir la propia capacidad de ponerse de pie y de asumir las pérdidas.


Tal vez implique abandonar la lógica en la que el otro opera como garante y dar lugar a la interdependencia, donde los lazos afectivos no se organizan en la necesidad de ser cuidado por el otro, ni en la exigencia de responder compulsivamente a sus demandas.

Ser grande también es hacerle un lugar al niño que fuimos sin que tenga que gritar para existir.


Bibliografía

Freud, S. (1900). La interpretación de los sueños.
Freud, S. (1905). Tres ensayos de teoría sexual.
Winnicott, D. W. (1965). Los procesos de maduración y el ambiente facilitador.
Klein, M. (1921). El desarrollo de un niño.
Klein, M. (1957). Envidia y gratitud.
Dolto, F. (1984). La imagen inconsciente del cuerpo.
Ferenczi, S. (1932). Confusión de lenguas entre los adultos y el niño.

© 2026. All rights reserved.

Centro de psicoterapia Anthea
Carrer Muntaner 217 - L´Eixample

+34 611 84 2550

psi@rodrigoalvarez.es